Hidalgos del Siglo XXI
Tal como Don Quijote de la Mancha, de tanto leer historias, un día cualquiera me di cuenta de lo sistemático y recurrente de nuestra irracionalidad. Y no solo de la mía, sino más bien de todos quienes habitamos por algún valle del planeta Tierra. Porque tú, yo o cualquier habitante de este barrio, en mayor o menor medida, queremos creer que las cosas seguirán siendo como fueron, simplemente por el hecho de que siempre se hicieron así.
«Si mi padre y mi abuelo se vestían en El Corte Inglés, ¿por qué razón no se vestirán allí también mis nietos?»
Así son miles las situaciones del día a día en las que no nos damos cuenta (o no queremos hacerlo) de que la realidad es muy diferente a como la imaginamos o a como desearíamos que fuera. Y no solo no asumimos con facilidad que el mundo cambió: también nos cuesta aceptar que nosotros mismos hemos cambiado. De cierta manera, preferimos seguir actuando en base a nuestras antiguas creencias y a nuestros anclados procesos mentales inconscientes, en vez de asumir las pérdidas que implica el cambio y replantearnos la forma de actuar. Quedamos así totalmente desajustados de la realidad, y parecemos, no pocas veces, graciosos hidalgos que actúan en el presente aplicando viejos paradigmas del pasado.
Defender el software viejo
Al parecer, a pesar del nuevo milenio, las personas no hemos evolucionado demasiado en nuestra capacidad de adaptación. Porque, a pesar de los avances de la tecnología, aún es común escuchar a alguien defendiendo el antiguo software de la empresa, un viejo sistema de generación de energía, el contaminante papel o cualquier invento construido casi veinte años antes para un mundo que era totalmente diferente.
Lo que necesitamos entender es que cuando nos resistimos a cambiar (y en mayor o menor medida todos lo hacemos) no es porque lo que estemos defendiendo sea lo más racional o lo más eficiente, sino porque asumir que las circunstancias cambiaron nos mete en terrenos desconocidos y llenos de incertidumbre. Terrenos en donde lo que nosotros sabemos o entendemos ya no es útil para desenvolvernos, lo que nos hace sentir obsoletos e incompetentes.
Liderar es mirar el miedo de frente y asumir las pérdidas que conlleva alcanzar ese nuevo equilibrio.
Y a ti, ¿te ha pasado alguna vez?
Felipe Bozzo Smith
Versión original publicada en enero de 2016 en el blog personal de Felipe.