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Liderazgo · Octubre 2026

Habilidades de liderazgo: las tres que de verdad importan (y cómo entrenarlas)

Una noche, Maite Careaga, Sebastián Quirmbach y yo nos sentamos a diseñar un entrenamiento de liderazgo y no logramos ponernos de acuerdo en lo más básico: qué era el liderazgo. Para unos era el jefe, para otros el que tiene carisma, para otros el que gana. La discusión se alargó hasta que nos hicimos otra pregunta: ¿y si dejamos de discutir si los líderes nacen o se hacen, y empezamos a entender el liderazgo como una actividad que se ejerce?

A la mañana siguiente apareció la pregunta obvia: si el liderazgo es una práctica, ¿cómo se practica bien? En vez de seguir discutiendo, decidimos preguntar. Maite entrevistó a personas en México, Sebastián en Alemania y yo en Chile. Gente muy distinta, de culturas, idiomas y profesiones diferentes, que había liderado algún proceso de cambio. No nos importaba cómo eran, si carismáticos o callados. Solo queríamos saber qué habían hecho bien.

Lo cuento en «Aterrizaje de Emergencia», y el resultado fue sorprendente: a pesar de todas sus diferencias, habían hecho sistemáticamente lo mismo.

¿Qué es lo que hace la gente que ejerce adecuadamente sus habilidades de liderazgo? Simplemente tres cosas: realizan buenos diagnósticos de la situación, gestionan correctamente sus estados emocionales y pasan rápidamente a la acción sin temor al fracaso.

Aterrizaje de Emergencia, p. 76

Las 3 habilidades de liderazgo que importan

Las explico en este video. Lo interesante es que ninguna de las tres es una característica de personalidad: las tres se pueden entrenar.

Transcripción del video «Tres habilidades para ejercer bien el liderazgo»

Más que hablar de capacidades personales, hablamos de cómo se ejerce bien el liderazgo. Y después de años trabajando, impartiendo talleres, estudiando, leyendo el liderazgo, hemos llegado a la conclusión de que hay tres habilidades fundamentales para ejercer de manera efectiva el liderazgo. Y la primera, usar tu mente, es decir, tu capacidad de diagnosticar la situación. Cuando eres capaz de hacer mejores diagnósticos de la situación, puedes ejercer mejor el liderazgo.

Piénsalo, por ejemplo, en ti mismo. Si te conocieras antes lo que te conoces hoy, posiblemente hubieras tomado mejores decisiones, ¿verdad? Porque el conocimiento nos permite tomar mejores decisiones. Así que, a veces simplemente entender mejor un problema es una forma de empezar a ejercer el liderazgo.

Tiene que ver con estar a veces en la pista de baile y a veces alejarte, subirte al balcón, mirar la situación desde otro ángulo, conversar con personas que tienen una mirada distinta. Todo eso es fundamental para ejercer un buen liderazgo, tener un buen diagnóstico. Así que esa es la primera habilidad que vamos a trabajar a lo largo de los módulos. Porque, por ejemplo, empezando en el autoliderazgo, ¿qué es lo que es tener un buen diagnóstico?

Conocerte mejor. Es algo que vamos a hacer y lo vamos a hacer sistemáticamente en cada uno de los módulos. La segunda habilidad fundamental para ejercer bien el liderazgo y que no tiene que ver con ninguna característica personal es mejorar tu gestión emocional. Ponerte en forma emocionalmente, aprender a escuchar tus emociones, a identificarlas, a reconocerlas, a usar la inteligencia que hay dentro de ellas también porque nuestro sistema nervioso también nos dice cosas acerca de la situación.

A veces en el estómago sentimos que una situación no va bien y tenemos que hacerle caso también y aprender a identificar nuestras emociones, pero también a construirlas de vez en cuando. Si vas a dar un discurso, por ejemplo, tienes que saber llegar en un estado de concentración, de motivación, de tranquilidad. Si vas a estudiar, requieres otro fitness, otra posición emocional. ¿Cómo hacer para comprender nuestras emociones?

Este mundo que ha sido muy poco estudiado, porque la verdad es que la neurociencia que nos ha dado algunas luces sobre cómo funciona el sistema límbico y las emociones, es una ciencia bastante nueva. El siglo XX fue un siglo muy racional, donde a las personas las concebíamos como racionales en su toma de decisiones y todo lo que tenía que ver con las emociones se dejaba un poco de lado. Piensa que Daniel Goleman con inteligencia emocional es del 96, la psicología positiva recién del año 2000 y la neurociencia, como decíamos, del año 2010. así que hay todavía mucho por aprender y por descubrir en el mundo de las emociones que en realidad junto al córtex prefrontal hacen un solo sistema y que por supuesto es fundamental para ejercer un buen liderazgo personal y también con otros.

La tercera habilidad que tienes que desarrollar es la acción. Cada una de las personas que hemos visto que ha conseguido resultados extraordinarios, lo que ha hecho es practicar mucho, mucho, mucho. Y por supuesto que en ese camino comete errores, fallos, fracasos, pero va aprendiendo de esos errores, los va incorporando y va haciendo esos aprendizajes parte de su experiencia que después se transforma en intuición y que con muchas horas se transforma en un éxito. El éxito se alcanza después de pequeñas pruebas, después de insistir, después de generar buenos hábitos y mucha acción.

Así que este programa no solo es un programa teórico, sino que es un programa que también te empuja a hacer, a practicar, a aprender y a cambiar tus hábitos. Tres habilidades fundamentales para ejercer bien el liderazgo, buenos diagnósticos, buena gestión emocional y mucha acción. Tres pilares que van a estar presentes en cada uno de los módulos. En autoliderazgo, el liderazgo uno a uno, el liderazgo de equipos, el liderazgo público y en gestión emocional.

Tres pilares, cinco módulos. Esa es la forma en la que está estructurado este programa para ti.

1. Diagnosticar: usar la mente

La primera habilidad de liderazgo es entender bien qué está pasando. Piénselo en usted mismo: si hace diez años se hubiera conocido como se conoce hoy, probablemente habría tomado mejores decisiones. El conocimiento mejora las decisiones, y a veces entender mejor un problema ya es empezar a liderarlo.

Para diagnosticar bien hay que moverse. Ronald Heifetz lo explica con una imagen que uso mucho: a ratos uno tiene que estar en la pista de baile, metido en la acción, y a ratos tiene que subir al balcón para mirar la situación desde arriba, desde otro ángulo, y conversar con personas que la ven distinto.

Ejemplo: un gerente comercial ve que las ventas caen y su primera reacción es exigir más visitas. Desde el balcón descubre que los clientes no se fueron por falta de visitas, sino porque un competidor despacha en la mitad del tiempo. Con el primer diagnóstico, el equipo habría trabajado el doble para nada.

2. Gestionar las emociones

La segunda es ponerse en forma emocionalmente: aprender a escuchar las emociones, identificarlas y usar la información que traen. A veces el estómago avisa que una situación no va bien antes de que la cabeza lo sepa, y conviene hacerle caso.

Pero gestionar emociones no es solo escucharlas; también es construirlas. Si va a dar un discurso, necesita llegar concentrado, motivado y tranquilo. Si va a estudiar, necesita otro estado. El siglo XX nos hizo creer que decidíamos con pura razón; la neurociencia de las últimas décadas muestra que emoción y razón funcionan como un solo sistema.

Ejemplo: antes de una reunión difícil con un socio, la jefa de un área se da cinco minutos para notar que está enojada, ponerle nombre a ese enojo y decidir con qué estado quiere entrar. La conversación es la misma; el resultado, otro.

3. Actuar: practicar mucho

La tercera es la acción. Todas las personas que conocemos que lograron resultados extraordinarios practicaron mucho, mucho, mucho. Se equivocaron, fallaron, fracasaron, y fueron convirtiendo esos errores en experiencia, la experiencia en intuición y la intuición, con muchas horas, en éxito.

En el libro lo resumí en cuatro verbos:

Evalúa, piensa, decide y actúa.

Aterrizaje de Emergencia, p. 149

Ejemplo: un jefe de proyecto que nunca ha hecho una presentación al directorio pide hacer la próxima, sabiendo que le va a salir regular. La tercera le sale bien. La décima, muy bien. El que esperó a sentirse preparado sigue esperando.

La habilidad que lo sostiene todo: escuchar

Si tuviera que elegir una habilidad de liderazgo para la relación uno a uno, sería esta. Podemos comprender muchas más palabras por minuto de las que podemos decir, y aun así pasamos la mayor parte de las conversaciones preparando nuestro argumento.

Transcripción del video «La habilidad de escuchar»

Cuando me enfrento a otra persona, la habilidad que me permite conectarme con él es la conversación. Y tenemos una capacidad de decir un número de palabras por minuto. Sin embargo, si te fijas bien, tenemos mucho más capacidad de escuchar palabras y comprenderlas en un minuto. Sin embargo, la mayoría de las veces, cuando nos encontramos con otro, lo que hacemos es querer darle nuestros argumentos, explicarle nuestro punto de vista y no siempre ponemos todo nuestro foco en simplemente escuchar, atender, escuchar de corazón, realmente querer comprender cómo está viendo él la realidad, por qué la ve así, por qué su comportamiento es de una manera o de otra y para eso quizás la primera habilidad que tienes que mejorar en tu relación uno a uno es nuestra capacidad de escuchar.

Escuchar realmente con el corazón, escuchar lo que nos dicen, también lo que nos quieren decir, también lo que no se dice. Hay a veces mensajes que puedes descifrar en miradas, en comunicación no verbal, o incluso en las cosas que se omiten dentro de una conversación. Nos enseñan, no todo lo que deberían, pero nos enseñan a conversar, nos enseñan a dar discurso, pero muy pocas veces nos enseñan a escuchar sin prejuicio, a escuchar con paciencia. Y el prejuicio es quizás el mayor bloqueo en la escucha.

Cuando yo pongo un prejuicio o vengo con una idea preconcebida, es mucho más difícil que logre comprender el mundo del otro. Tengo que llegar con apertura a hacer un diagnóstico y quizás simplemente eso es suficiente para avanzar en una conversación. Y la clave para ir abriendo la conversación es suspender el juicio y hacer buenas preguntas. ¿Cómo se hace una buena pregunta?

Una buena pregunta en la conversación debiera ser una pregunta corta y una pregunta abierta. Por ejemplo, empiezas a indagar en el tema y de repente no le mandas una pregunta de sí o no o que lo encasille en un lugar, sino una que a mí me encanta, por ejemplo, cuéntame más y me dispongo otra vez a escuchar. Sin opinar, sin decirle lo que yo haría, sin anteponerme a la solución. Simplemente escuchar un ejercicio profundo, tremendamente importante y del cual tenemos muy poca práctica.

Así que, ¿quieres mejorar tus habilidades persona a persona? Empecemos por escuchar con el corazón.

Escuchar de verdad es escuchar lo que el otro dice, lo que quiere decir y lo que no dice: en una mirada, en un silencio, en lo que omite. El mayor bloqueo es el prejuicio, llegar a la conversación con la respuesta ya puesta. La clave es suspender el juicio y hacer buenas preguntas: cortas y abiertas. Mi favorita tiene dos palabras:

«Cuéntame más.» Y después, volver a escuchar. Sin opinar, sin decir lo que uno haría, sin adelantarse a la solución.

La habilidad que da dirección: el propósito

«No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va», decía Séneca. La vida es como un supermercado con miles de opciones, y el propósito es lo que decide qué entra en el carro.

Transcripción del video «El Propósito: Clave para el Liderazgo»

No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va, nos decía Séneca. La vida es como una especie de supermercado que te ofrece múltiples opciones, pero eres tú quien tiene que decidir cuáles de esas pones dentro de tu carrito. El propósito en el liderazgo es fundamental porque es lo que nos permite alinear nuestras acciones, dar coherencia a nuestra forma de actuar, aclarar tu propósito, hacerlo más tangible, más claro, conectarte acerca de cuáles son los motivos que te llevaron a ti a elegir ese propósito. No solo qué es lo que quieres, sino por qué lo quieres, qué te mueve, qué motivación profunda dentro de tu corazón hace que quieras ir por ese objetivo y quieras conseguirlo a toda costa.

Cuando conectas con tu propósito y con las razones que te llevan a él, el liderazgo se hace mucho más potente y tu ámbito de influencia aumenta exponencialmente porque seguramente vas a conectar con otras personas que igual que tú tienen ese deseo de transformación. Así que nunca lo olvides, en el liderazgo tener claridad de propósito es simplemente fundamental.

No basta con saber qué se quiere; hay que saber por qué se quiere. Cuando un líder conecta con sus razones profundas, sus acciones se vuelven coherentes y su influencia crece, porque se conecta con otras personas que tienen el mismo deseo de transformación.

Y el punto de partida: liderar desde quien uno es

El último video es el más corto, y probablemente el más incómodo:

Transcripción del video «Liderar desde el ser»

No vas a liderar desde tus conocimientos, no vas a liderar desde tus pergaminos, desde tus diplomas, vas a liderar desde quien tú eres. Somos líderes desde la persona que somos. Si eres un buen papá, quizás puedes ser un buen jefe. Si eres un buen deportista, quizás puedes tener determinación y disciplina.

Somos personas en el trabajo, en la familia o en cualquier ámbito donde nos desarrollamos. Así que el liderazgo tiene un desafío fundamental que es alcanzar la excelencia personal para generar impacto en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestras amistades y por supuesto también en nosotros mismos. Y ese no es un camino fácil porque si te miras de verdad vas a encontrar cosas que no te gustan. Yo no soy perfecto, tú tampoco lo eres ninguno de nosotros.

En realidad muchas veces en los problemas de las organizaciones, de las familias, somos nosotros mismos parte del problema. Por eso tener una conciencia de quién eres y de qué tienes por mejorar y hacer ese ejercicio de excelencia personal es uno de los procesos más complejos, pero a la vez más gratificantes y que mejores resultados puedes generar en el liderazgo. Nunca olvides, lideramos desde quienes somos, lideramos desde el ser, desde la persona que eres.

No se lidera desde los diplomas ni desde los pergaminos: se lidera desde la persona que uno es. Si es un buen papá, quizás puede ser un buen jefe; si es un buen deportista, quizás tiene la disciplina que el equipo necesita. Y eso tiene una consecuencia que cuesta aceptar: si uno se mira de verdad, va a encontrar cosas que no le gustan. Muchas veces, en los problemas de las organizaciones y de las familias, uno mismo es parte del problema.

Tienes que descubrir que el liderazgo tiene que ver contigo, tal cual eres.

Aterrizaje de Emergencia, p. 76

Cómo entrenar las habilidades de liderazgo esta semana

Estas habilidades son la columna de los talleres de liderazgo que hago para equipos directivos, del curso de liderazgo para supervisores y del coaching ejecutivo cuando el trabajo es uno a uno.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las habilidades de liderazgo más importantes? Tres: diagnosticar bien la situación, gestionar las propias emociones y las del entorno, y pasar a la acción sin miedo al fracaso. Son las que repetían, sin excepción, las personas que entrevistamos en México, Alemania y Chile.

¿Las habilidades de liderazgo se pueden aprender? Sí. Ninguna de las tres es un rasgo de personalidad: son prácticas que mejoran con entrenamiento sistemático, como un músculo.

¿Qué habilidades de liderazgo necesita un jefe? Además de las tres centrales, la escucha (para la relación uno a uno) y la claridad de propósito (para dar dirección). Un jefe que no escucha toma decisiones con información incompleta.

¿Cuál es un ejemplo de habilidad de liderazgo? La escucha activa: suspender el juicio, hacer preguntas cortas y abiertas como «cuéntame más» y no adelantarse a la solución. Es simple de explicar y muy difícil de practicar.

¿Qué diferencia hay entre habilidades de liderazgo y rasgos de personalidad? Los rasgos (ser extrovertido, carismático o reservado) describen cómo es alguien. Las habilidades describen lo que hace. Se puede liderar bien con cualquier personalidad.

La buena noticia

La buena noticia es que nadie llega con estas habilidades completas, y nadie las necesita completas para empezar. Las personas que entrevistamos no eran superhéroes: eran gente normal que diagnosticó con un poco más de cuidado, manejó un poco mejor sus emociones y se atrevió a actuar antes de sentirse lista. Eso se entrena. Y se nota rápido: en la próxima reunión, en la próxima conversación difícil, en el próximo «cuéntame más».

Hay más videos como estos, con preguntas para conversar en equipo, en la página de videos de liderazgo.

Felipe Bozzo Smith

¿Le sirvió esta idea a su equipo? Felipe la desarrolla en conferencias y talleres de liderazgo para empresas, presenciales o remotos, y como consultor de liderazgo.

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