Charlas de 5 minutos de liderazgo: diez listas para usar el lunes
En muchas empresas chilenas la jornada parte con una charla de cinco minutos. Casi siempre es de seguridad, y está bien que así sea. Pero hay un tema que se repite en todos los accidentes, en todos los proyectos atrasados y en todos los equipos cansados, y casi nunca tiene su charla: cómo nos lideramos y cómo nos hablamos.
Aquí van diez charlas de liderazgo de cinco minutos. Cada una sale de uno de mis libros, «Aterrizaje de Emergencia» o «La Bisagra de los Tiempos», y tiene la misma estructura:
- Un minuto para la frase. Léala en voz alta, sin explicarla todavía.
- Dos minutos para la idea. Cuéntela con sus palabras y, si puede, con un ejemplo del propio equipo.
- Dos minutos para la pregunta. Hágala y espere. El silencio de los primeros segundos es parte de la charla.
No necesita ser el jefe para darla. Necesita haberla leído antes.
1. El liderazgo no es un cargo
«La pregunta relevante no es si eres o no líder, sino ¿Qué puedes hacer para ejercerlo de mejor manera?»
Aterrizaje de Emergencia, p. 76
La idea. Durante años pensé el liderazgo como una lista de características que algunos tienen y otros no. Un día cambié de paradigma: el liderazgo es una actividad que se ejerce, no un rasgo que se tiene. Lo ejerce el operador que detiene una maniobra insegura, la secretaria que ordena una reunión caótica, el nuevo que pregunta lo que nadie se atreve a preguntar.
La pregunta para el equipo: ¿En qué momento de esta semana le tocó liderar a alguien que no tiene cargo de jefe?
2. Lo único que cambia las cosas
«Solo lo que hacemos transforma la realidad. Ni lo que pensamos, ni lo que sentimos, ni lo que imaginamos. Solo lo que hacemos.»
Aterrizaje de Emergencia, p. 80
La idea. Los equipos están llenos de buenas intenciones: lo vamos a revisar, lo vamos a conversar, lo vamos a mejorar. Las intenciones no se notan en el resultado. Se nota lo que alguien hizo el martes.
La pregunta para el equipo: ¿Qué es lo que llevamos semanas diciendo que vamos a hacer y todavía no hacemos?
3. El miedo a equivocarse
«Nada limita tanto la capacidad de actuar de una persona como el miedo a fracasar.»
Aterrizaje de Emergencia, p. 147
La idea. En el libro hay otra frase que me costó años entender: «A veces lo mejor que te puede pasar es recibir un ladrillo en la cabeza». Los errores que nos golpean son los que más nos enseñan, siempre que alguien no los esconda. Un equipo donde nadie se equivoca no es un equipo perfecto: es un equipo donde nadie dice cuando se equivoca.
La pregunta para el equipo: ¿Qué error reciente nos enseñó algo que ningún éxito nos habría enseñado?
4. La conversación pendiente
«¿Dejarías alguna conversación pendiente? No lo hagas.»
Aterrizaje de Emergencia, p. 149
La idea. Está en el mismo libro donde cuento los doce minutos que pasé convencido de que el avión en que iba no iba a llegar. En esos minutos no pensé en los proyectos sin terminar: pensé en mis hijos y en lo que no alcanzaría a decirles. En los equipos pasa lo mismo, en pequeño: la molestia que nadie nombra, el reconocimiento que nadie da, el problema que todos ven y nadie levanta.
La pregunta para el equipo: ¿Hay algo que este equipo necesita conversar y viene postergando?
5. El equilibrio mediocre
«Que no se conformen con la pequeñez del equilibrio mediocre.»
Aterrizaje de Emergencia, p. 22
La idea. Hay situaciones que no están bien, pero tampoco están tan mal como para cambiarlas. Ahí nos quedamos, porque cambiar duele y quedarse no cuesta nada. Ese es el equilibrio mediocre: no hace ruido, pero nos va achicando.
La pregunta para el equipo: ¿Qué hacemos «porque siempre se ha hecho así» y ya no tiene sentido?
6. Los modelos antiguos
«Si nos empeñamos en aplicar modelos antiguos a problemas nuevos, corremos el riesgo de quedar obsoletos.»
La Bisagra de los Tiempos, p. 112
La idea. En 1940, el general francés Maurice Gamelin preparó a su ejército para la guerra anterior. Tenía una línea de defensa impecable para un enemigo que ya no pensaba atacar así. Muchos equipos hacen lo mismo: se preparan muy bien para el problema que ya pasó.
La pregunta para el equipo: ¿Qué estamos haciendo muy bien para un mundo que ya cambió?
7. Hacer visible lo que va bien
«¿Cuál es tu campana frente a los desafíos que vienen?»
La Bisagra de los Tiempos, p. 39
La idea. En 2020, en plena pandemia, trabajé con el hospital regional de Temuco. El ánimo se venía abajo porque todos los días se contaban las malas noticias. Instalamos una campana que se tocaba cada vez que un paciente se recuperaba. No cambió la pandemia, pero cambió cómo se sentía el equipo: por fin se veía el dato bueno.
La pregunta para el equipo: ¿Qué logro nuestro pasa desapercibido y merece una campana?
8. El ego y las buenas ideas
«Porque lo importante de una obra no es quién la inventó, sino a quién alcanza.»
La Bisagra de los Tiempos, p. 38
La idea. Cuando la campana del hospital funcionó, aparecieron muchos padres: «yo la traje», «yo la instalé», «yo fui el primero en tocarla». El que tuvo la idea sigue anónimo hasta hoy. Los equipos que más avanzan son los que se preocupan más de que la idea funcione que de quién se lleva el crédito.
La pregunta para el equipo: ¿Reconocemos las buenas ideas de los demás, o solo las nuestras?
9. Liderar en una crisis
«En momentos de crisis no es conveniente pensar a mediano plazo. Es mejor ir día a día y fijar la mente en un futuro lejano, cuando todo esté resuelto y puedas contar a tus seres queridos cómo actuaste en esos momentos.»
La Bisagra de los Tiempos, pp. 34-35
La idea. En una crisis, el mediano plazo angustia porque nadie lo controla. Lo que sí se controla es el día de hoy y la historia que uno querrá contar después. Las dos cosas ordenan: lo que hago hoy y cómo quiero haber actuado.
La pregunta para el equipo: Cuando esta etapa difícil pase, ¿cómo queremos contar que la enfrentamos?
10. Reparar lo que se rompió
«Construir un puente es más fácil que restaurar uno roto y perdonar es más difícil que olvidar. Pero sin perdón, no hay caminos hacia el futuro.»
La Bisagra de los Tiempos, p. 169
La idea. Todos los equipos tienen roces. El problema no es el roce: es lo que queda guardado después. Olvidar es dejar el tema debajo de la alfombra; perdonar es conversarlo y soltarlo. Lo primero es más cómodo. Lo segundo es lo único que permite seguir trabajando juntos de verdad.
La pregunta para el equipo: ¿Hay algo entre nosotros que conviene reparar en vez de olvidar?
Cómo sacarles más provecho
- Una por semana, no diez seguidas. La charla funciona cuando la pregunta tiene tiempo de quedarse dando vueltas.
- Que la dé alguien distinto cada vez. Es la mejor forma de practicar lo que dice la primera charla: el liderazgo se ejerce, no se tiene.
- Anote las respuestas. Al final del mes, las preguntas de estas charlas le dicen más del clima del equipo que cualquier encuesta.
La buena noticia es que el liderazgo se entrena como cualquier otro músculo, y cinco minutos a la semana alcanzan para empezar. Si quiere llevar estas conversaciones más lejos con su equipo, trabajo estos temas en talleres de liderazgo para empresas y en conferencias basadas en mis libros.
Felipe Bozzo Smith